Veintitrés de septiembre 

Me cuesta verte sin verte,
me cuesta que tu casa no sea,
me cuesta que no me cueste subir.

No encontrarte en la barra
-café con leche y tostada-
un día cualquiera, porque sí.

Que no te rías, que no me riñas,
Que no disfrutes al verme comer.

Me cuestan las no-palabras,
las no-reflexiones,
los no-helados,
las no-ruletas de la suerte.

Y un beso, y un collar
con sus pendientes, obviamente,
y esa frase que no había oído nunca
y que ahora querría enmarcar.

Me cuesta hoy, veintitrés de septiembre.

Me cuestas tú.
Tu tú vacío,
desde hace un año.

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